El menda que escribe

Vivo en Valladolid, la ciudad donde nunca pasa nada.
"Se que no debería, pero me voy a tomar otra copa."

sábado, 28 de agosto de 2010

La noche que Paolo Andoretto perdió su sombrero

No era muy tarde, que se yo, las 2 o las 3 de la madrugada. Era viernes, de eso me acuerdo perfectamente. Caminaba sin rumbo fijo, buscando algún bareto con poca luz, donde pudiera tomarme un par o 500 de cervezas para "celebrar" que Raquelilla me había mandado a tomar viento fresco. No estaba triste, al fin y al cabo solo habian sido unos pocos meses, además la incipiente borrachera me evitaba tener que pensarlo profundamente.
Entonces me sobresalté; un frenazo sonó en frente de mí, calle arriba.

Las calles del barrio Parquesol tienen bastante desnivel, siempre ha sido considerado como el pequeño San Francisco de Valladolid, solo que sin Steve McQueen persiguiendo a nadie claro. Aunque, y quizás fuera el alcohol, casi me esperaba que el rubio apareciera dando tumbos y perdiendo tapacubos como en sus celebres pelis. Pero no, Despues del frenazo que había oído calle arriba como digo, apareció un descapotable. Un precioso Alfa Romeo , de esos de los años 80, amarillo limón. Con una sonrisa dejé de pensar en la Raquelilla, en San Francisco y en la paranoia de Steve Mc Queen; no, en realidad ese coche parecía sacado de Mónaco o Marsella. Y por ahí avanzaba, calle abajo, supongo que camino a algún club del centro de la ciudad.
Cuando llegaron a mi altura ví la escena que se presentaba ante mí con detenimiento; iban dos hombres de mediana edad con lo que parecian ser dos chicas jóvenes; de treinta y pocos. Y se estaban corriendo una juerga bestial. El hombre que conducía llevaba pajarita, sombrero y una botella de un champagne que seguramente costaba mas de lo que yo ganaba en un mes en la hamburguesería de mierda en la que curraba. Cuando pasó frente a mí, iba dándole un trago directamente a la botella, con la mano con la que no tenía cogido el volante del Alfa. El otro llevaba una corbata desanudada, que le caía a ambos lados de la camisa beige y una cara bestial de estar colocado. Las mujeres tenian pinta de italianas, no se porque lo pensé, pero la tenían, con ese aire mediterraneo y esos enormes ojos negros. Llevaban vestidos de lentejuelas que brillaban al entrar en contacto con la luz anaranjada de las farolas y la rubia melena de ámbas se agitaba en la calurosa noche de verano vallisoletano. Comenzaron a reir estruendosamente al ver que el sombrero del conductor salió volando por los aires pero no le prestaron mayor atención ( ni a mi tampoco) y se alejaron calle abajo.

Me quedé mirándolos un buén rato, hasta que desaparecieron de mi vista. Nadie más circulaba a esas horas por allí, asíque caminé hasta la calzada, donde había caído el sombrero y lo recogí. Era el típico sombrero negro, como ese que llevaban los blues brothers. Por un momento me pregunté quienes serian esos tipos. Con ese aire chulesco que te da el haberte bebido unos cuantos cubatas, me puse el sombrero recién "comprado".
Mi cerebro se iluminó y recordó que en esa misma calle había un bar bastante decente. Vaya, debe ser mi noche de suerte! dije en voz alta ironicamente dejando escapar una risilla.

Me desperté en mi cama con una resaca interesante y con el pensamiento de llamar a Raquelilla, quizas pudieramos arreglar lo nuestro.Pero primero...uh, primero tenía que ir al baño, puto garrrafón...
El pan y el periódico estaban en la mesa del salón, señal de que mi madre ya había vuelto de la compra. No ví la portada del Norte de Castilla de ese Sábado. Al lado de una noticia sobre el Real Valladolid había una foto de un pianista acompañada de un titular que rezaba: "Accidente de tráfico en la capital. Muere Paolo Andoretto después de su recital de blues contemporaneo."

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